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¿Por qué debes comer al enfermar? La ciencia describe cómo trabajan las defensas

Comer prepara al sistema inmune para combatir infecciones.

Cuando aparece una infección, muchas personas pierden el apetito. Otras incluso creen que comer puede empeorar los síntomas o dificultar la recuperación. Sin embargo, una nueva investigación científica apunta justo en la dirección contraria: alimentarse podría ayudar al sistema inmunológico a combatir mejor las enfermedades.

Un estudio publicado en la revista Nature descubrió que ciertas células inmunitarias fundamentales, conocidas como células T, funcionan con mucha más eficacia después de comer. El hallazgo podría cambiar la forma en que entendemos la relación entre alimentación, infecciones, vacunas e incluso tratamientos contra el cáncer.

Para Greg Delgoffe, inmunólogo de la Universidad de Pittsburgh y coautor del trabajo, la investigación obliga a replantear la relación entre dieta e inmunidad. Según explica, en medicina rara vez se pregunta “cuándo fue la última vez que comiste y qué comiste”, pese a que eso “podría marcar una gran diferencia” en la eficacia de las células T.

El sistema inmunológico necesita energía para funcionar

Las células T son uno de los principales pilares del sistema inmunitario. Se activan cuando detectan virus, bacterias u otras amenazas y coordinan buena parte de la respuesta defensiva del organismo. Pero poner en marcha esa maquinaria exige enormes cantidades de energía.

Delgoffe explica que “la activación del sistema inmunitario es increíblemente exigente en términos de energía”, por lo que su equipo quiso comprobar hasta qué punto la alimentación podía influir en ese proceso.

Para ello, los investigadores analizaron muestras de sangre de varias personas antes de desayunar y seis horas después de haber comido libremente. Posteriormente estudiaron el comportamiento metabólico de las células T.

Los resultados fueron claros. Tras alimentarse, las células podían acceder mucho mejor a los nutrientes necesarios para activarse y responder ante amenazas.

Comer activa las células T y mejora las defensas

Los científicos observaron que, después de una comida, las células T absorbían azúcares con mayor facilidad, acumulaban más grasas útiles y mejoraban el funcionamiento de sus mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de producir energía. En otras palabras, las defensas del cuerpo parecían “recargarse” después de comer.

Los experimentos realizados en ratones mostraron además que las células T de animales alimentados se multiplicaban mejor y ofrecían una protección más eficaz frente a infecciones.

Lionel Apetoh, inmunólogo de la Universidad de Indiana que no participó en el estudio, considera que el trabajo es especialmente relevante porque investigaciones anteriores sobre alimentación y sistema inmune se habían centrado sobre todo en cambios dietéticos a largo plazo. Lo que más le sorprendió, asegura, fue la rapidez con la que aparecieron los efectos. “Seis horas definitivamente no es mucho tiempo. Y aun así, eso tiene consecuencias profundas en la inmunidad de las células T”.

Entonces, ¿por qué deberías comer cuando estás enfermo?

Los investigadores creen que la comida proporciona a las células inmunitarias el combustible necesario para reaccionar rápidamente frente a infecciones. Cuando el organismo recibe nutrientes, las células T parecen prepararse mejor para detectar amenazas, multiplicarse y coordinar la respuesta defensiva.

Eso no significa que comer cure una enfermedad, pero sí sugiere que la falta de alimento podría limitar la eficacia del sistema inmunológico.

El propio Delgoffe relaciona los resultados con un antiguo dicho popular: “Existe el viejo adagio: ‘mata de hambre a la fiebre y alimenta el resfriado’. Y creemos que hay algo de verdad en eso”.

El efecto puede mantenerse durante meses

El estudio también descubrió efectos importantes sobre las llamadas células T de memoria, responsables de la protección duradera frente a infecciones ya conocidas.

Los ratones alimentados producían más células de memoria que los ratones en ayunas. Además, esas células mantenían durante semanas e incluso meses una actividad metabólica más eficiente.

Según Delgoffe, esas células “siempre tienen esta ventaja”, lo que les permitió proporcionar “una mejor protección a largo plazo”. Este hallazgo podría ayudar en el futuro a mejorar vacunas o tratamientos inmunológicos diseñados para generar una protección más duradera.

La alimentación también podría mejorar terapias contra el cáncer

Los científicos estudiaron además las terapias CAR-T, un tratamiento avanzado que modifica células T para atacar tumores. Las células procedentes de personas que habían comido mostraron una actividad anticancerígena superior a las obtenidas de personas en ayunas. Para Apetoh, el resultado es “bastante impresionante”, especialmente por las implicaciones que podría tener en futuras inmunoterapias.

Según los investigadores, comprender cómo influye la comida en las defensas podría ayudar a decidir cuál es el mejor momento para vacunarse, administrar inmunoterapia o incluso diseñar estrategias nutricionales capaces de reforzar la respuesta inmunológica.

Una comida sí importa

El estudio tiene algunas limitaciones. Los investigadores no controlaron exactamente qué alimentos consumieron los participantes, por lo que todavía no se sabe qué nutrientes producen el mayor beneficio.

Aun así, Delgoffe considera que esa falta de control también demuestra la solidez del efecto observado. Según explica, “ocurría cada vez”, independientemente de lo que hubieran comido los participantes. Por eso, el investigador insiste en una idea sencilla pero importante: “Una comida importa”.

Ahora, el equipo quiere investigar qué dietas pueden potenciar mejor la actividad de las células T y cómo aplicar ese conocimiento en medicina.

A. Esturla
Periodista de formación y vocación. Más de quince años divulgando ciencia y acercando la investigación al gran público en medios digitales, escritos y también en radio. No hay nada que no se pueda contar.