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Stranger Things: Universos Paralelos, la constante de Planck y Física Cuántica

¿Te has preguntado alguna vez si el ‘Upside Down’ de Stranger Things podría tener una base científica? La aclamada serie de Netflix no solo nos sumerge en un mundo de misterio y terror, sino que también teje su compleja trama con fascinantes conceptos de la física cuántica. Desde la constante de Planck hasta la intrigante teoría de los mundos paralelos, descubre cómo la ciencia real inspira el universo de Stranger Things.

El concepto de “universo paralelo”, basado en la teoría de los muchos mundos de Hugh Everett, está en el centro de la serie —que concluirá su recorrido de casi una década a finales de este año— proviene de una teoría científica real, debatida intensamente por los físicos durante los últimos 75 años aproximadamente.

Según cuenta Jenna Ahart en la revista Nature, aunque la serie pertenece tanto al terreno de la fantasía como al de la ciencia ficción, Stranger Things hace referencia a numerosos conceptos básicos de la física. Los principios del electromagnetismo explican las brújulas que se descontrolan, así como los imanes que se caen espontáneamente de un refrigerador.

Conceptos Clave de la Física en Stranger Things: la constante de Planck

Un ejemplo notable de la integración de la física en la trama ocurre en la tercera temporada. Los personajes recurren a la constante de Planck para cerrar la puerta al Upside Down. La constante de Planck es un número fundamental de la física cuántica que describe el tamaño de los cuantos de energía. Aunque la serie utiliza el valor de 2014, anacrónico para la década de los ochenta, su mención subraya el intento de la serie por anclarse en principios científicos.

Quizás el fenómeno físico más destacado que se menciona en el programa, sin embargo, es la interpretación de los muchos mundos de la mecánica cuántica. Tras deducir que su amigo podría estar atrapado en el Upside Down, tres protagonistas preadolescentes le preguntan a su profesor de ciencias cómo podrían viajar allí. Él responde: “Han estado pensando en la interpretación de los muchos mundos de Hugh Everett, ¿verdad?”.

La interpretación de los muchos mundos de Hugh Everett

En la década de 1950, el físico estadounidense Hugh Everett realmente propuso esta explicación de la física moderna, y su teoría ha ido ganando adeptos desde entonces. El trabajo de Everett da sentido a un concepto que durante mucho tiempo ha desconcertado a los físicos cuánticos: el problema de la medición. La cuestión es cómo un sistema cuántico puede parecer estar en dos estados a la vez —por ejemplo, un electrón que se encuentra simultáneamente en dos ubicaciones diferentes— hasta el momento en que el sistema es observado o medido, cuando de repente se encuentra solo en uno de esos estados.

La explicación más popular de este enigma, llamada la interpretación de Copenhague, sostiene que el electrón no observado existe en un estado cuántico difuso que abarca ambas opciones, descrito únicamente por probabilidades, hasta que, de pronto, al ser medido, termina en uno de los estados. Everett plantea una alternativa casi fantástica: el electrón realmente existe en ambos estados al mismo tiempo y, tras la medición, el observador solo ve uno porque el universo se divide en dos, con cada resultado existiendo en un mundo diferente. Los innumerables estados cuánticos de todas las partículas del mundo crean un número infinito de universos: de ahí, muchos mundos.

Mundos paralelos que no interactúan entre sí

Para muchos físicos, esta idea resulta un tanto descabellada, especialmente porque, si estos muchos mundos no pueden interactuar entre sí, no hay forma de probar o refutar la teoría, señala Jorge Pullin, físico teórico de la Universidad Estatal de Luisiana en Baton Rouge.

Pero para otros —incluido Sean Carroll, físico teórico de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland, que ha trabajado como asesor científico para películas de ciencia ficción— la interpretación de los muchos mundos es la explicación más elegante disponible. “Hay mucha gente que piensa que esta es la versión más simple de la mecánica cuántica, y encaja con todos los datos”, afirma.

La serie Stranger Things ha cautivado a personas de varias generaciones. Las tramas fascinantes funcionan; el un ritmo trepidante la hace una producción audiovisual visionaria; un imaginario que recuerda a películas ochenteras míticas; y si a todo eso se le une un contenido científico sólido, el resultado es el que ha tenido: una de las series más vistas a nivel internacional.

A. Esturla
Periodista de formación y vocación. Más de quince años divulgando ciencia y acercando la investigación al gran público en medios digitales, escritos y también en radio. No hay nada que no se pueda contar.